nace el sol parpadeando sobre los adoquines;
ese sabor sugiere a la ciudad una enorme condición
y los desesperados
que jugaron a bendecir su transformación en pez,
también jugaron a callar como animal temeroso.
La ciudad es una mancha cuando cierran las ventanas
y acercan las cabezas declarando:
Esos héroes huyen; vuelan a sus más elementales fragmentos,
tan cobardes y absurdos como insectos.
El solo hecho de sentir los sitios inestables de la isla
deja a la noche esposada y descubierta frente al viento:
Ellos confunden el rastro;
llenos de esas líneas que el ocaso (bajo estado hipnótico) fantasea,
ellos murieron con el final de la tarde.

Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"
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