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29/2/12

POEMA de RICARDO LÓPEZ LORENTE - 5

Olvido esta herida abierta en la ciudad.
Estas calles derrumban sus gritos en mi espinazo.
Ella migra y niego lo cargado de minas que está el camino.
Mi recuerdo casi se ve en el horizonte.
Después del puente todo lo que sigue es un siglo triste.
Pero igual la flor extraña es parecida a su bostezo cuando muere.
Su cuerpo queda suspendido.
Después del puente todo el territorio es un enigma.
Cruzo en voces el desierto.
Los hoyos asoman lentos las narices al punto más lejano.
Ella es la puerta en la sombra y sus ojos la incitación.
El viento cruza en dos niveles a la vecina que se aleja.
La autopsia fue de un volcán dormido.
Le abro las piernas. Azul danza sobre la mosca.
Pobres de lunas, dolor de estómago.

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Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de RICARDO LÓPEZ LORENTE - 4

El imbécil de mi vecino escucha el cansancio de la libertad
como otra cara que atraviesa el portal aunque deje el cuerpo.
El corre a través de la ciénaga, se hunde dentro del jazz,
y esconde la cabeza en una hojarasca infinita.
El tiempo se le acaba, sube sin ruidos en la suave piel
como un país que no entiende de fronteras,
silencia la lectura de su animal menos nombrado.
El imbécil de mi vecino crepita a su mujer a través de la noche;
el farol desaparece el parque, soy la capital desesperada,
ella y yo (a lo lejos) estamos dispuestos a desvanecernos:
con el cigarro sobre la boca, existe y estoy solo.

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Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de RICARDO LÓPEZ LORENTE - 3

Mueves ojos al compás de la isla,
y tus manos aún sostienen el mismo sueño:
Creo que nada se distrajo.
(El mar era el mar, y crece alambrado
a la canción hecha para el viento.)
Acostándote, como cuando la gente se escondía dentro del árbol,
abrazas la imagen en el pétalo que cae
y todo se aferra a una música suave.
Con extremidades azules rayas el día
y toda esa voz crece como un círculo.
Percibes la virtud migrar seis veces sobre el abismo.
Sentada en la misma calle que te vio morir,
dejas un espacio que convierte sus pies descalzos en alas eternas,
flotando en el horizonte hasta que desaparece.

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Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de RICARDO LÓPEZ LORENTE - 2

Cuan viejo se ve el horizonte cuando lo parten
y comprimen el cuello esos sabores que deja el hambre;
poco a poco, me rellenan con olor a sangre.
La reina regurgita la costumbre de su encierro
y amansa el tiempo que con cruces lucha para sostener su mirada al ocaso.
(Hay de mí que no me oculto. Hay de mí.)
El polvo disimula su rabia y acentúa muy bien lo enmarcado en el naufragio.
He detenido la metamorfosis, esta cruel guerra se disipa.
La reina abre sus piernas teatrales en este hueco crecido
aunque lo inyecte de cenizas.
(Estoy seguro que ese no es un parque para visitarlo)
El viento ruge inviernos, y nadie advierte sus luces espectrales.
Desde la máscara porcelana del niño, la ciudad se arroja al mar,
agujerea su recuerdo: mirada pegada al asfalto, casi el viento en la fotografía,
casi pienso como la ciega sombra del espejismo.

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Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de RICARDO LÓPEZ LORENTE - 1

Detrás de aquella gente que levanta la mirada contra el vacío,
nace el sol parpadeando sobre los adoquines;
ese sabor sugiere a la ciudad una enorme condición
y los desesperados
que jugaron a bendecir su transformación en pez,
también jugaron a callar como animal temeroso.
La ciudad es una mancha cuando cierran las ventanas
y acercan las cabezas declarando:
Esos héroes huyen; vuelan a sus más elementales fragmentos,
tan cobardes y absurdos como insectos.
El solo hecho de sentir los sitios inestables de la isla
deja a la noche esposada y descubierta frente al viento:
Ellos confunden el rastro;
llenos de esas líneas que el ocaso (bajo estado hipnótico) fantasea,
ellos murieron con el final de la tarde.


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Este poema participa en el
III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"