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1/5/12

POEMA de JUAN CARLOS ÁMEZ

Manos de mujer

Los estambres de la luna Son las manos de mujer
Pequeñas marcas de plata, atajos de brisa al oscurecer
Plomizos ojos de conchas, témperas de lumbre
Terrones de arena de playas, nubes de soles de derrumbes.

Remolinos de calandrias, uñas de color manzana
Agasajos de los tiempos y caléndulas de nata
Suavidades de dobleces, muecas de dos espejos.
Arrugas de caricias, en pieles de suave invierno.

Torbellinos con mil caras; Nudos de la madera
Recovecos de las hadas, que se tiñen con palabras de marea.
Mares de la sal del pecho y de los desiguales profundos.

…Y a la luz de la sombra tejeré sus caminos
andaré sus andares, miraré por sus ríos,
secaré las mitades de los árboles caídos
partiré viejas fotos de tus recovecos raídos.


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Este poema participa en el III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de JUAN CARLOS ÁMEZ

 Verano

Las noches de verano son telas, paños de luna y hechizo;
tejidas de duermevelas, de las luciérnagas sin cobijo.
Con nudos de estrellas, la luna bosteza cuentos
las cuerdas de lirios ardientes y el calor que borbotea sigilo.

Y cada fuente llora ecos y cada rana eleva sueños
croares de lejanos estanques al pestañear de los andarríos.
Paseos de noches eternos y calmadas paredes de enredaderas
colmada la vía láctea perenne, lágrimas de San Lorenzo pétreas.

Y en las manos de la noche, la roja cereza espera
mecida por el cierzo lento y el repicar de la tornadera.
Tormentas de verano, nidos de ángeles caídos
Trajes de baño raídos para los niños que juegan...

La noche de los azabaches, retuerce canciones de grillo.
El libro de los aromas verdes, desgarra aceites íntimos.



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Este poema participa en el III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de JUAN CARLOS ÁMEZ

Anatomía de un atardecer

El coraje de las hadas lame las puertas del eco,
coros de ángeles caídos desdibujan estanques yermos.
Atardecen los bosques, bajo el barniz de la penumbra
las estrellas enlutadas sacan al sol de poniente
su última sangre, roja, seráfica y muda.

El hogar quema los estoques de leña ronca de cantos...
la luna rota de hambre, zapatea por tarantos.
La llama del silencio grita, mientras la chimenea muda escucha;
arde y sueña nubes de luceros, a los ojos de la bruma.

La tata acuesta a la fragua, sobre Catalina de cuerdas de plata
esparce su aceite de oliva virgen, sobre la piel de las brasas.
El cielo de miel está ronco; están sus ojos llorando...
por sus huecos la noche brota, en embetunados zapatos.



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Este poema participa en el III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de JUAN CARLOS ÁMEZ

Guadalajara

Si tuviera alma pintaría la luna coja,
Retorcería un rubor y forjaría de tus manos prosa.
Libaría en tu flor, de amarillos de heno.
Secaría el rubor de tus pétalos de cielo.

Arrebataría tu olor y lo enfrascaría en panales,
de mieles del sur, en cordeles de olivares.
Bruñidas del aceite viejo en tus manos surcaría el estanque
Ardor de viñedos en arranque, y vinos de tus cabellos…

…Y mirando tu contorno, la tarde muere en batalla
El rojo sol de cereza se hunde, por tus murallas quebradas.
La lluvia borbolla en tu margen, cae la tarde en la afonía
Las nubes charlan de nimbos y de tus ojos ¡Alcarria Mía!

A la sombra de tu sombra, tejidos los aljibes moros
Requiebran entre los charcos, dulzainas en cante hondo.
Brotadas de las raíces, del trabazón de árboles de nosotros.


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Este poema participa en el III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"

POEMA de JUAN CARLOS ÁMEZ RIENDAS

 Aroma de una tarde de verano

En la vereda de la fuente, entre el corrido y la espera
los besos y el relente, amortajan al tiempo de cera.
Ataviadas de silencios desvencijados, como piratas del cielo,
las golondrinas esbozan volando, sus nidos de barro y heno.

Los corbatines con alas, plagios de hierba sin eco,
retratan el traqueteo eterno, de la fuente de los mil caños..
Sin manos subiendo peldaños, en las pestañas del eco...
Los rojos corazones estañan, corrientes batientes de fuego.

Vacía la loma sin sombra, por su tañer azul de campana...
El reborde de destrueco sordo y la eterna canción del agua.
Y los rosales sin esquinas, clavan sus rosas al viento,
la verde hiedra se engarza, en manos de pinos secos.

Zarcillos de las parras verdes , sobre las sombras de patio.
La tarde descansa en el pozo, sobre flores de naranjos.
Llenan los campos perpetuos con sus olores a charcos.



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Este poema participa en el III Concurso de Poesía "Corazones Lateversos"